We can’t breathe.

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Son casi las dos de la tarde. Mi intención es tomar algunas fotografías durante la concentración en Washington Square, #MillionsMarch, que sera replicada en todo el país, en protesta por la brutalidad policial sobre la comunidad afroamericana y las decisiones, infaustas, que han tomado los jurados como en el caso del reciente y tristemente célebre Eric Garner
Llego por la esquina suroeste del parque y se dibuja ya una manifestación bastante concurrida. Por la acera de NYU gente de todos los colores porta pancartas, impresas, bajo el brazo o apenas sujetas con tres dedos, no en posición de protesta, no aun, sino apenas haciendo los preparativos.
Uno de estos carteles es la impresión de una peineta de dientes largos, muy popular en el East Harlem, en la comunidad negra. Al verla viene a mi mente aquella escena, que no tiene nada que ver con el asunto y simplemente fue un reflejo mio, de cuando Miklo y El Magic, en “Blood In, Blood Out” hacen una reproducción de la peineta de Bonafido, líder de la comunidad afroamericana en San Quentin, para hacer que Montana sea asesinado, como punto de quiebre de la historia de La Onda en East Los.
Bajo la imagen de la peineta se puede leer: Fuck with me at your own risk, que podría traducirse como: Jode conmigo bajo tu propio riesgo (aunque no tiene la misma fuerza que en ingles) y que dadas las circunstancias los destinatarios se supone son los agentes policiacos; la advertencia es sustentada ante la sensación de comunidad y la natural protección que esta provee a quienes pertenecen a ella.
“Free Resistance Inside” dice un cartel pegado sobre una vidriera en uno de los edificios de NYU. Al leerlo mi primera reacción es de risa pues hago una traducción literal: Resistencia Gratis Adentro. Es un salón donde se reparten los carteles que mencione antes y otros con leyendas que no llaman mi atención.
Resistencia como un abstracto, es algo que se ejerce, pero que no se puede dar, ni gratis, ni cobrando, aunque hay profesionales en ello, como los sindicalistas o los alborotadores del gobierno. Mi reflexión se detiene cuando entro a una de las tiendas a prepararme un café. La resistencia como algo concreto no existe. Una vez que hay contacto físico, que seria la única manera de materializar la resistencia, esta se convierte en violencia y entonces la resistencia puede convertirse en una sentencia de muerte, La resistencia es una idea, que genera una actitud, pero sigue siendo abstracta. Quiza al decir Free Resistance se refieran a la palabra sobre el papel, a las ideas que se transmitirían momentos después. Claro, es que las ideas son gratis, me digo a mi mismo en ese momento romántico, ese que ocurre cuando el primer sorbo de café inunda el paladar.

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A mucha gente no le gusta que se les tome fotografías durante las manifestaciones. Si es una foto grupal la gran mayoría parece no tener problema, pero si uno se acerca a tomar una foto individual se achican un poco, esconden su rostro detrás de la pancarta o simplemente se dan la vuelta. Panico escénico, probablemente, la paranoia de llegar a ser identificados por los agentes del gobierno y recibir represalias, quizá, pero, por lo visto en varias manifestaciones lo que a la gente mas le incomoda es esa sensación de individualidad, verse aislados del resto por un lente a dos metros de distancia. Entendible, por supuesto. Una de las motivaciones en las manifestaciones de este tipo es precisamente querer abandonar ese lugar de individualidad y aislamiento e instalarse, aunque sea momentáneamente en algún espacio de la comunidad.
Recorro el parque disparando la cámara lo mas rápido posible, tratando de que no noten mi ansiedad por captarlo todo. Hay algunos que posan abiertamente, que están ahí para decir lo que tienen que decir con su rostro como respaldo. Otros saben que la cámara esta sobre ellos y adoptan posiciones “naturales” “aguerridas.”
Leo todos los carteles que puedo, veo todos los rostros, mas de los que la cámara alcanza a capturar, me escurro entre la multitud, les pongo la cámara en el rostro, quisiera decirles que se queden quietos para que no salgan desenfocados, que repitan ese grito, en la misma posición, que no giren la cabeza.
Mi mano derecha se congela, la traigo descubierta por mas de media hora así que busco salir de la multitud, un espacio abierto donde revisar las fotos que sirven y las que no. Me abro camino entre la gente, hay un discurso bajo el arco que preside el parque, todos miran hacia allá, levantan las manos, repiten consignas, responden al discurso que no alcanzo a escuchar, traigo los auriculares puestos, pues no quiero escuchar, solo quiero ver. Me sigo abriendo camino entre más gente y mi sentido de orientación me recomienda que debería de ir por otro café. Me sigo abriendo camino entre la gente para llegar hasta un lugar abierto, y de repente caigo en cuenta que ya no hay lugares abiertos en el parque, hay gente por todos lados, bajo la misma causa, siguen llegando por todos lados, cuando finalmente logro hacerme hacia la acera sur del parque me doy cuenta de la magnitud de lo que esta ocurriendo. Repaso mentalmente los rostros que he visto en ese lapso de tiempo, es New York City, pienso, aquí hay gente de todas partes del mundo, de todos los países y parece que hoy todos están representados aquí.
Siguen llegando grupos de manifestantes, algunos traen banderas, alguna agenda política anacrónica, anarquistas, comunistas, socialistas; otros, los mas llegan desde sus propias casas con una sola consigna: el respeto a la vida.
Me subo a una banca, luego a un poste, programo la cámara abro la panorámica, la levanto todo lo que puedo, con mi brazo estirado cuanto da y las puntas de mis pies a punto de resbalar de la orilla de la farola. Uno, dos, tres, cuatro, cinco disparos hacia diferentes puntos, reviso las fotos y entonces me lamento del no disponer de un helicóptero para hacer una toma panorámica decente de todo aquello

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Son miles las pancartas, impresas y hechas a mano, están por todos lados con una misma leyenda: “We can’t breathe”
Según reportes del NYPD son más de 50,000 personas las que marchan por la Quinta Avenida. Resulta fácil recorrer la manifestación de una acera a otra, la gente cede el paso, sonríe, corea las consignas y marcha en un ejercicio de civilidad admirable.
Trato de seguir el ritmo de la marcha, me adelanto cuando identifico algún cartel interesante y que rompa la hegemonía del mensaje. Dispar y hay gente que se atraviesa justo en el momento, me adelanto nuevamente para intentar la misma toma, busco otros angulos. Me encuentro frente a un grupo pro-Palestina, de frente son irreconocibles en su causa pues llevan las banderas colgadas en la espalda, desde atrás es imposible capturarlos por la falta de espacio para que la cámara haga un buen marco. Los intentos de tomas panorámicas son insuficientes, injustos, ninguna toma refleja ni de lejos lo que esta sucediendo, aunque se alcanza a percibir el movimiento de la masa, aun cuando se congelan las tomas.
We can’t breathe, se puede leer una y otra vez, pero hay mas. Al llegar a la 14 st los contingentes giran hacia la Avenida de Las Americas, en esa esquina me encuentro con un grupo de mexicanos que están ahí para decir lo mismo, We can’t breathe, pero en otro idioma y para hacerlo utilizan el símbolo 43, al igual que los palestinos que encontré antes, que gritaban lo mismo, We can’t breathe, pero en otro idioma, que no pueden respirar, que se están ahogando por la presión, el desplazamiento y la matanza del ejercirto israelí. Y no se puede respirar tampoco en Mexico, por eso esta ahí el grupo que representa a Ayotzinapa, y no se puede respirar en Ferguson ni pueden respirar los estudiantes que salen de las universidades endeudados y hacia la nada, se ahogan, ni puede respirar la clase trabajadora que se enfrenta al ahogo del desempleo y las malas condiciones laborales, por eso están ahí marchando, gritando We can’t breathe en otro idioma, asi como los inmigrantes ilegales, que se ahogan en el medio de la separación familiar, que no pueden respirar porque un sistema que practica la violencia económica y la hace global no tiene cabida para ellos, no pueden respirar las lesbianas ni los homosexuales que siguen siendo victimas de crímenes de odio, se asfixian las mujeres, ese ahogo histórico que padecen por el solo hecho de ser mujeres, We can’t breathe, gritan los negros, en un país donde no se les puede decir negros, pero si se les puede matar si se es policía; y el asunto no es contra la policía, el asunto va mas alla, hay policías que tampoco pueden respirar, por eso permanecen quietos, observando cómo nos subimos a los postes con la cámara en la mano, sin decirnos una palabra.
We can’t breathe. La marcha sigue. Algunos automovilistas que se han quedado atrapados sin poder cruzar al otro lado de la calle lanzan insultos racistas, clasistas. Muchos borrachos vestidos de rojo se burlan, hacen señales de desprecio, pero la marcha sigue.
I can’t breathe, las ultimas palabras de Eric Garner, al que todos vimos morir por televisión o por internet, y hicieron eco en la conciencia colectiva, I can’t breathe nos representa a todos aquellos que nos reesistimos a perecer ante un sistema que esta diseñado para beneficiar a unos pocos.

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Sobre un andamio de construcción ubicado en la esquina de la Avenida de las Américas y la 31 st intento nuevamente tomar panorámicas de la marcha. Estoy por más de veinte minutos disparando con la cámara. La marcha lleva una velocidad constante, hace muy pocas pausas, pareciera que no tiene fin. Las fotos que he tomado desde ese punto son un desastre. Me reincorporo al contingente. Caminamos hasta llegar al Flatiron Building, cruzamos por Broadway hacia Union Square. Voy haciendo tomas esporádicas. Me salgo hacia la acera y tomo fotos sin poner mucha atención. Es entonces que noto como se acerca hacia mi, cin un cartel que sostiene con sus dos manos, un niño afroamericano, se para frente a mi y comienza a gritar “My live matter!” mira hacia el lente de la cámara sin dejar de repetir la consigna, tendrá unos ocho años, la gente detrás lo ovaciona y este sigue su marcha.

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Ha sido un camino largo. Los contingentes se dirigen hacia Brooklyn Bridge.
Yo me retiro en Canal Street.

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